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AUTOR:
FABIO PERLIN

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miércoles, 26 de septiembre de 2012

Arquitectos Henrik Aberg y Carl Kihlberg / Rosario / Belgrano y Bajada Sargento Cabral / Aduana de Rosario (1872-76) / DEMOLIDA


Aduana de Rosario

En 1869, después de realizar los correspondientes estudios preliminares, el recientemente creado Departamento de Ingenieros Civiles de la Nación, con el ingeniero y físico milanés, Pompeyo Moneta, designado jefe, y al sueco, Knut Seve Lindmark, como vicedirector de la misma, elevan un proyecto cuyo fin era procurar las "mejoras de las condiciones de Puerto de Rosario".Ese mismo proyecto con algunas modificaciones, respecto a la orientación Norte-Sur de los trabajos a ejecutar, sería redactado de igual forma dos años después, siendo nuevamente rechazado por su elevado costo.
En 1872, el Diputado Rawson, casi simultaneamente con dicho departamento, presenta un proyecto através del Poder Ejecutivo, de muelles, aduana, almacenes y demás obras necesarias para combatir la desesperante realidad de abandono que presentaba el puerto.
Los arquitectos suecos Henrik Aberg y Carl Kihlberg, con sólo un par de años en el país y algunas obras en su haber, fueron los elegidos para trabajar conjuntamente en el proyecto y diseño del edificio.
Bajo el ala protectora del pionero y compatriota Lindmark, comenzaron los trabajos de lo que sería por 50 años una pintoresca construcción estratégicamente apostada sobre la ribera del Rio Paraná.
Si bien el proceso fue lento, debe haber sido un impacto favorable el tener una pequeña fortificación portuaria, siendo en todo caso, el puntapié inicial para la reactivación de las mejoras esperadas.
Igualmente faltarían todavía muchos años para lograrse.
El diseño dado por Aberg y Kihlberg fue atípico en aquellos años, donde sólo existían escasos depósitos de arquitectura simple y baja.Este es un ejemplo de arquitectura que ya no existe y generalmente no se pensaban así, pero profesionales extranjeros, pioneros, llegados a un país todavía embrionario, sentaron las bases de los diferentes estilos y formas que empezaron a caracterizar a las ciudades desde mitad del siglo XIX.


Edificio simétrico de planta cuadrada, su fachada se caracteriza por presentar una parte central con gruesas pilastras saledizas con ventanas y almenas, puerta media de entrada en hierro forjado y dos más pequeñas a sus extremos.En el piso superior, el único balcón que ostenta la obra y dos ventanas extremas; sobre éstos, en grandes letras en relieve, el nombre representativo de la misma.A ambos lados de este cuerpo central, una seguidilla de puertas de herrería artística para su planta baja y la misma distribución pero de ventanas en su piso superior, que finaliza con un cornisamiento de modillones, rematada en sus extremos por soberbias torres octogonales de reminiscencias medievales.



A partir de 1888 es donde la zona olvidada portuaria comienza a recibir esas mejoras tan negadas años atrás, ya sea por la inversión de capitales extranjeros o la concientización misma del gobierno en invertir en lo que ahora vislumbraba grandes ganancias y reconocimiento.
Lo cierto es que para antes de finalizar el siglo, los grandes depósitos, la rectificación de los muelles y las vías férreas se desplegaban a lo largo de toda la ribera.Este repentino crecimiento desmesurado en tan pocos años, dió origen a una aún más acelerada población y cambios en la fisonomía del puerto.
Tanto la calle principal, como la "Bajada Grande" (Sto.Cabral), al costado de la aduana, otrora camino de carretas, mercancías, animales de carga y trabajadores, acusaron modificaciones fundamentales, que seguramente sin quererlo, afectarían a esta obra que para entrados los años del nuevo siglo empezaba su cuenta regresiva.Ambas calzadas dejarían de ser calles lodosas e irregulares, fueron ensanchadas, pavimentadas y elevadas, lo que significó el apresurado destino de la construcción aduanera.
Tantos acelerados progresos, sumergieron a esta construcción en un hueco sin retorno, es decir, la elevación de sus calles dejaron su planta semihundida, para lo que hubo que realizar una serie de desniveles y rampas para lograr acceder a la misma.
Pero los posteriores años de crecimiento portuario y el cada vez más difícil e incómodo acceso al edificio, firmaron su acta de defunción.Los años de su demolición difieren mucho entre sí, como también la construcción del edificio posterior, pero tomando en cuenta el progreso relámpago al que venía expuesto, creo que ya para 1925 no quedaba nada del edificio proyectado por Aberg y Kihlberg.
Punto final para una obra muy pintoresca del paisaje portuario y testigo presencial de la evolución de la ciudad, que sirvió para su desarrollo y que pasó, luego de 50 años, a ser un construcción obsoleta.


El nuevo edificio de la Aduana fue proyectado por los arquitectos Charles Evans Medhurst Thomas y Juan Ochoa, que utilizaron la planta semihundida para los subsuelos, logrando un estilo afrancesado con masardas en una obra de gran volumetría. Fue inaugurado en 1938. 
Hoy en día tampoco funciona como aduana, pertenece a la Administración Municipal. Afortunadamente esta gran obra sigue en pie y es señalada como la antigua Aduana de Rosario, lo lamentable es el olvido de lo que la antecedió, del esfuerzo y trabajo de profesionales que proyectaban genialidades y las edificaban en los parajes más desolados. 
Para entender el  final, siempre se comienza por el principio.

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